Acabamos de pasar una sobremesa entre amigos en un buen restaurante que hace tiempo que queríamos conocer. Llega el momento de pagar y empieza la competición por ser el que invita: el camarero o camarera espera con media sonrisa hasta que el “vencedor” (o vencedores ex aequo) le alcanzan su tarjeta y su DNI, que se lleva al puesto de caja. Salimos saciados, felices y sin reparar en que acabamos de hacer una operación online, con dinero virtual, en la que incluso hemos perdido nuestra tarjeta de vista un par de minutos. ¿Por qué muchos tienen todavía dudas para utilizar aplicaciones en la nube?

La seguridad es una de las inquietudes más habituales cuando nos preguntan por nuestro programa de gestión comercial online. Ya hemos hablado de cómo se protege la seguridad de los datos usando CRM, pero el miedo a fallos de seguridad no es exclusivo de las aplicaciones en la nube: como decíamos en nuestro ejemplo, muy a menudo utilizamos aplicaciones en la nube sin ser conscientes de que lo estamos haciendo. Pagos con tarjeta, aplicaciones para móviles vinculadas a nuestro teléfono, juegos en red y operaciones que hacemos en el cajero automático como comprar entradas. Aplicaciones de correo como Gmail o el veterano Hotmail son también aplicaciones en la nube. Y al igual que nuestro sistema de seguridad en Trebede.com, todas ellas son fiables.

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Aplicaciones en la nube, que no estar en las nubes

¿Cuáles son las dudas más habituales cuando se empieza a utilizar aplicaciones en la nube?

Utilizar aplicaciones en la nube genera otra duda: los problemas técnicos. ¿Qué pasa si algo pasa? La idea de no tener una máquina que ver o tocar produce en muchos usuarios bastante inquietud. Lo cierto es que según varios expertos los problemas técnicos se reducen al utilizar aplicaciones en la nube. Además de las mil posibilidades de acceso en cualquier lugar, las aplicaciones en la nube permiten sacar partido a ordenadores que queríamos descartar por falta de potencia: un detalle que nos ahorra dinero y riesgos técnicos, al no tener que instalar programas complejos. Dado que lo más importante es tener una conexión a Internet y un navegador, prácticamente cualquier dispositivo nos permite trabajar.

En relación con esto, utilizar aplicaciones en la nube reduce el impacto ambiental de nuestra actividad, algo que cada vez importa a más gente y que ayuda a las empresas a posicionarse. Menor consumo de papel, y por tanto menos deshechos de cartuchos y toner, así como de hardware cuya vida podemos alargar.

Y una última reticencia, quizá la más compleja, para utilizar aplicaciones en la nube: la dependencia de los proveedores de servicios. Es innegable que tener todos nuestros datos almacenados en aplicaciones online introduce en nuestra dinámica de trabajo a personal externo: la compañía que nos provee internet y nuestro proveedor de software online, en nuestro caso CRM. La clave está en elegir bien, como siempre. Proveedores fiables, con los que comunicarnos fluidamente y que nos den garantías. Al final somos nosotros quienes gestionamos nuestros datos, sea cual sea el software que hayamos elegido. Pero está claro que las aplicaciones en la nube son una realidad cotidiana que sólo espera crecer.

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