En serio. Está claro que lo de Méndez, que era el rey del Facebook y hubo que darle un toque serio, no podía seguir. Pero procastinar tiene ciertas ventajas, sobre todo en entornos como el de las ventas, que soportamos presiones diarias. Y es que, como decían los Chanantes, en todos los trabajos se fuma

ventajas de procastinar

Cuatro ventajas de procastinar

Procastinar es un vocablo que hemos importado del inglés. Sencillamente, se define como posponer tareas. En la era de las redes sociales, procastinar se ha convertido en sinónimo de pasarse el día en Internet. Las tareas, sobre todo esas que no queremos hacer, se acumulan mientras las actualizaciones de nuestros muros nos hacen creer que estamos muy ocupados…

Sin embargo, un cierto grado de procastinación puede ayudarnos a lidiar con varios aspectos del mundo de la gestión comercial. En momentos de presión excesiva, y aunque parezca un contrasentido, romper la concentración nos ayuda a lidiar con la ansiedad. No es broma: ya hay algo de literatura al respecto. Procastinar no es lo mismo que descansar o desconectar. Simplemente es un truco mental que empleamos siempre que trabajamos.

1.- Refuerzo de la autoestima. A veces procastinar se convierte en una pequeña recompensa. ¿Quién no ha echado un vistazo a sus foros favoritos después de ese día en el que terminamos todo bien, limpiamente y antes de tiempo? Es algo tan natural que ni nos damos cuenta, y además no afecta al trabajo.

2.- Refuerzo de la creatividad. Procastinar es una consecuencia mental de las tareas que nos resultan difíciles o desagradables. En el primer caso, al no pensar demasiado en la idea, permitimos a nuestro cerebro relajarse y dejamos una ventana abierta a la inspiración. Esa ventana no puede abrirse si seguimos dando vueltas al tema.

3.- Evitar conflictos. Aunque es un punto polémico, lo cierto es que a todos nos ha pasado. Si no nos encontramos a gusto en una situación, poder llegar a la mesa y consultar el correo o ver las noticias nos facilita una salida a situaciones desagradables. Hay discusiones que no se pueden ganar, después de todo.

4.- Evitar decisiones precipitadas. Igual que la presión nos provoca ansiedad, nos conmina a hacer cosas que quizá no deberíamos hacer. En situaciones “calientes” también puede ayudarnos. Posponer una decisión no es una mala idea. Lo malo sería posponerla eternamente.

¿Cuándo nos perjudica procastinar?

Con todo, posponer las tareas supone un hábito que no nos beneficia. Aunque hemos descrito situaciones muy comunes, hay que tener un alto grado de autodisciplina para quedarse solo en este “nivel” de procastinación. Procastinar es una respuesta al miedo: posponemos aquellas tareas que no queremos hacer. Y no siempre son tareas tediosas. Al contrario: la mayoría de las veces son tareas que nos provocan ansiedad, bien por exposición, por temor al fracaso, o por conflictos.

¿Por qué queremos posponer esas tareas? Puede que haya algo ahí que no queremos explorar. El miedo al fracaso o el pánico escénico pueden cargarse una venta. Al procastinar corremos el riesgo de no afrontarlos con la seriedad que merecen. Se trata de problemas graves que debemos desarrollar con nuestro jefe de equipo y poner solución.

Procastinar una tarea nos supone un mayor gasto de energía. Por muy bien que lo pasemos comentando el viaje a Menorca de nuestros amigos, nuestro cerebro sabe que tiene que resolver ese trabajo. También afecta a nuestra productividad: procastinar en exceso implica una mala gestión del tiempo. Y eso acaba afectando a todo nuestro trabajo: no solo a esas tareas que no queremos hacer, sino a todas.

Y por supuesto, procastinar afecta también a nuestra imagen personal. Si no somos capaces de controlar nuestras tareas, más pronto que tarde será una costumbre visible. ¿Queremos que nos conozcan por lo mismo que a Méndez?

 

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