Implantar un plan de eficiencia energética es el típico proyecto que imaginamos en grandes plantas de producción. Fábricas, oficinas de telemarketing… Parece algo que no atañe a los equipos de ventas o a las tiendas. Y sin embargo, un plan de eficiencia energética afectará positivamente a nuestra productividad, y también a nuestra imagen de marca.

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Implantar un plan de eficiencia energética para ahorrar

Si queremos reducir gastos sin que afecte a nuestros equipos de trabajo, implantar un plan de eficiencia energética es una inversión segura. Porque es una inversión: hay que ponerse en manos de profesionales especializados que nos aconsejen. Pero, según cálculos del sector, la factura energética de muchas empresas puede reducirse hasta el 40%.

Algunas prácticas de eficiencia energética son tan simples como cambiar a luces de bajo consumo, apagar los ordenadores o reducir el gasto en papel. Utilizar programas de gestión online es una herramienta más para lograr reducir el coste energético de papel, impresoras, etc. Algunas empresas optan por reducir en terminales y pasarse al BYOD.

A medio plazo, implantar dinámicas de conciliación, reducción de horarios y trabajo en red nos ayudará a ahorrar en costes de luz, calefacción y ventilación. Pero se trata de medidas escalables: han de ser implantadas gradualmente, por consenso, y mejor con la guía de expertos que nos acompañen en el proceso. Algunas administraciones ofrecen servicios de asesoramiento y auditorías energéticas para empresas.

¿Y en las ventas? ¿Es posible?

Muchos comerciales y líderes de equipo se preguntan si en un entorno de ventas es viable implantar un plan de eficiencia energética. ¿Cómo conciliar los horarios de ahorro de luz con ese cliente al que atender en sus horarios? Efectivamente eso no es posible en nuestro negocio. De ahí la necesidad de contar con expertos.

Cadenas como The Phone House han implantado su plan de eficiencia energética monitorizando su consumo eléctrico, que en tiendas puede dispararse. Otros certificadores aconsejan, como medida principal, cambiar las ventanas y los aislamientos, así como revisar las calderas y sistemas de calefacción. Todos recordamos aquel centro comercial donde teníamos calor, ¿verdad? Imaginemos la factura que le llegó al gerente.

Para muchos comerciales, el principal plan de eficiencia energética va ligado al coche. Aquí puede ayudarnos nuestro CRM: si gestionamos bien nuestros datos podremos mejorar la eficiencia de nuestras rutas. Si agrupamos las visitas por zona, siempre que sea posible, reduciremos kilometraje. Eso implica menor gasto de combustible a corto plazo, y mejor conservación del vehículo a largo plazo. Por no hablar de la seguridad y la calidad de vida de nuestros vendedores.

Muchos de nuestros materiales de apoyo, como los packagings y elementos de merchandising, abusan a menudo de la política del “usar y tirar”. Cambiar la orientación de estos elementos también nos resultará provechoso a medio plazo: instalar una cafetera, y ponernos de acuerdo para darle un repaso, es un detalle. A la larga habremos ahorrado en vasos de plástico y mejorado el ambiente de trabajo.

Un plan de emergencia energética es también parte de nuestra imagen de marca. Ante nuestros clientes somos más que un catálogo de productos. Todos tendemos a asociarnos con empresas y productos que comparten nuestra visión. Implantar medidas de sostenibilidad nos ayuda en primer lugar, y nos pone en armonía con cada vez más consumidores.

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